Desde niña quise ser maestra. La vida me llevó por un camino
diferente que recorrí con entusiasmo, porque resultó que todas las habilidades
y los aprendizajes adquiridos como estudiante y profesionista de Ciencias de la
Comunicación, han sido un pilar fundamental en mi trabajo diario frente a
grupo.
Si… terminé donde siempre quise: soy maestra.
Cada día, de lunes a viernes, tengo el honor y la
responsabilidad de enseñar y aprender.
Fomento el gusto por la lectura a niños de primero a quinto
de primaria y facilito el aprendizaje del idioma español a niños de sexto.
Aprendo de ellos su energía, su entusiasmo, honestidad,
alegría, espontaneidad, su capacidad de perdonar y olvidar.
Valoro de ellos su cariño, cuando al llegar a mi centro de trabajo
me reciben con abrazos, algunos de ellos me esperan en la puerta para
preguntarme qué historia les voy a contar hoy. Los más pequeños que me
encuentran por el pasillo quieren saber cuándo será la próxima clase.
Esto me motiva en gran manera. A la vez, me siento responsable de darles más y mejores experiencias
de aprendizaje, de hacer su jornada escolar más amena, más feliz.
Estoy convencida de que la educación de calidad es la única
manera en la que nuestro maravilloso país puede salir adelante. Formar
generaciones de mexicanos honestos, responsables, comprometidos consigo mismos
y con su patria, es el camino para que México retome la grandeza a la que está
destinado y para la que tiene todo el potencial.
Dice un dicho muy sabio que la palabra convence, pero el
ejemplo arrastra. Y yo les platico a mis hijas y a mis niños acerca de la
importancia de valorar la educación. Pero más importante aún es que me vean
estudiar.
Por estas razones ahora no solo soy maestra, también soy
estudiante. Estudiante de Maestría, en la Escuela Normal Superior, del estado
de Coahuila.
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